La mujer de Matt (George Clooney) queda en coma tras sufrir un terrible accidente. Matt se da cuenta entonces del poco tiempo que ha dedicado a su familia: no conoce a sus hijas y descubre que su mujer, harta de estar sola, le estaba engañando. Tarde para muchas conversaciones pendientes que nunca tuvieron lugar, Matt empieza a ver a través de sus hijas cómo ha sido su pasado reciente y empieza a prepararse para un posible futuro sin su mujer.
Los protas, Clooney y esas niñas (Shailene Woodly y Amara Miller), dan una verosimilitud a cada escena que consiguen llenar la pantalla.
El director nos pone delante de nuestras narices temas a los que no nos gustaría enfrentarnos y lo hace así, directo, poniendo el dedo en la llaga, pero mézclándolo con las suficientes dosis de humor para que no escueza demasiado. De hecho, Alexander Payne nos lleva a un lugar paradisíaco, Hawai, donde parece que esas playas y esos paisajes no puedan dar más que felicidad, sin embargo sus protagonistas están están viviendo una auténtica tragedia. Y es que… “La vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes”.
La música, con toques hawaianos, no hace más que mejorar el guión.
Lloré como una magdalena. Y como siempre me pasa en este tipo de pelis, una vez reposadas, cuanto más la pienso… más me gusta.
